martes, 26 de abril de 2011

Lo reconocieron al partir el pan

En la fracción del pan,
Jesús efunde el Espíritu Santo,
que ilumina las mentes de los discípulos,
para que estos lo reconozcan
como al Mesías resucitado.

“Lo reconocieron al partir el pan” (cfr. Lc 24, 13-35). Jesús les sale al paso a los discípulos de Emaús, y camina con ellos hasta llegar a Emaús. Durante todo el camino, los discípulos no reconocen a Jesús, y a pesar de haber sentido la noticia de la resurrección, no han dado crédito a la misma, y por eso se sienten tristes y desalentados. Esto les vale un reproche de parte de Jesús, quien les dice que son “necios” para entender las Escrituras, puesto que ahí estaba ya escrito qué era lo que debía padecer el Mesías.

Al llegar a Emaús, Jesús hace ademán de seguir, pero son los mismos discípulos quienes le piden que se quede con ellos. Jesús los acompaña, y comparte con ellos la cena. En un momento determinado, sucede algo que cambiará para siempre la vida de los discípulos de Emaús: Jesús “parte el pan” y, en ese mismo momento, los discípulos, que hasta entonces no habían reconocido a Jesús, se dan cuenta de que es Jesús en Persona. Inmediatamente después de reconocerlo, Jesús desaparece.

¿Qué fue lo que sucedió, para que los discípulos lo reconocieran? Para saberlo, es necesario tener en cuenta un gesto de Jesús, el de partir el pan, porque es ahí, en ese momento, en el que los discípulos lo reconocen: “lo reconocieron al partir el pan”.

Es allí cuando sucede algo que permite a los discípulos saber que el forastero con el cual están compartiendo la cena no es un desconocido, sino Jesús, aquel a quien ellos aman, y por cuya muerte se han mostrado entristecidos.

¿Por qué los discípulos reconocen a Jesús en el momento en el que parte el pan? Porque no se trata de una acción cualquiera. Como sostienen muchos autores, muy probablemente, la cena que comparten con Jesús no es una cena más, sino una celebración eucarística, es decir, una misa, y por lo tanto, el gesto de partir el pan no es el partir el pan de alguien que comparte una simple cena, sino un acto litúrgico y sacramental, en el cual y a través del cual, opera el Espíritu Santo, actualizando el misterio pascual de Jesucristo.

La fracción del pan, por parte de Jesús, es un acto que sólo material y exteriormente se asemeja a la fracción del pan en una cena cualquiera; aquí se trata de una acción sacramental, en donde es el Espíritu Santo quien se encuentra operando desde dentro del sacramento, y es el sacramento el vehículo a través del cual el Espíritu de Dios obra sobre las almas.

Los discípulos reconocen a Jesús al partir el pan, porque en ese momento, en la fracción del pan, el Espíritu Santo ilumina sus mentes con la luz sobrenatural de la fe, capacitando a sus almas para descubrir en Cristo al Hombre-Dios, y no a un forastero desconocido.

Por su parte, los discípulos de Emaús se muestran con la misma actitud de falta de fe en las palabras de Jesús, que revelaba María Magdalena, y al igual que ella, se encuentran desesperanzados y tristes por la muerte de Jesús, como si Jesús no hubiera resucitado. No creen en Cristo resucitado, a pesar de haber recibido ya la noticia. Será necesario que Cristo les infunda el Espíritu, a través de la Eucaristía, para que lo reconozcan.

Muchos en la Iglesia, tanto laicos como sacerdotes, a pesar de haber recibido el Catecismo, a pesar de haber recibido la Comunión sacramental, se comportan como los discípulos de Emaús, mostrándose tristes y sin esperanzas, al no creer en la resurrección de Jesús.

“¿No ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras?”, se preguntan los discípulos de Emaús, recordando el ardor místico del corazón que les producía la cercanía de la Presencia de Jesús. Tal vez no experimentemos ese ardor místico que sintieron los discípulos de Emaús, pero no es necesario ya que, en cada Santa Misa, Jesús no solo está a nuestro lado, como estuvo al lado de los discípulos, sino que, más que eso, parte el Pan para nosotros, por medio del sacerdote ministerial y se nos entrega como Pan de Vida eterna.

2 comentarios:

  1. Gracias el leer esta reflexion me doy cuenta que yo como los apostoles de Emaus mi fe en la resureccion de Jesus es nada. Nueva mente Gracias.

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  2. Hola hermanos en Cristo. Yo no lo vi en persona como sus discípulos, pero a través del misterio de la fe que el Espíritu Santo obró en mi, pude verlo en la hostia fragmentada, en el momento mismo de la elevación tuve la plena seguridad que Él estaba allí. Yo solo pude caer de rodillas y llorar por ese sacrificio. Jesús resucitado, Jesús Eucaristía, a Él la gloria y el poder por siempre. Amén.

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