domingo, 14 de abril de 2013

“Me buscan por el pan, pero deben buscar el Pan de Vida eterna”




“Me buscan por el pan, pero deben buscar el Pan de Vida eterna” (Jn 6, 22-29). Después de haber hecho Jesús el milagro de la multiplicación de los panes, la multitud lo busca, llegando incluso a viajar en barcas para llegar a Cafarnaúm, en donde se encontraba. Al llegar adonde Él estaba, se muestran interesados por Él: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús sabe cuáles son sus verdaderas intenciones, y por eso les contesta: “Les aseguro que ustedes me buscan pero no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna”.

En otras palabras, Jesús les quiere decir: “Me buscan por el pan, pero deben buscar el Pan de Vida eterna”; es decir, les reprocha que lo busquen para que les dé pan material con el cual satisfarán el hambre corporal, pero no porque “vieron signos”; no lo buscan por el milagro de la multiplicación de los panes, milagro que es causado por su Amor y que tiene la finalidad de demostrar su Amor, sino por los panes y los pescados. No les interesa el Amor de Dios, sino satisfacer su hambre corporal y saben que con Jesús tienen asegurado el sustento corporal.

Como queda de manifiesto por las palabras de Jesús, la actitud de la multitud es en realidad una actitud egoísta: buscar el pan material y no los signos y su causa, el Amor de Dios, es buscarse a sí mismos, porque lo único que se pretende es la satisfacción del hambre corporal. En el fondo, implica una visión puramente humana, naturalista y horizontal de la vida; no hay otras pretensiones que las terrenas y materiales, sin importar nada más que esto.

“Me buscan por el pan, pero deben buscar el Pan de Vida eterna”. Hay que buscar a Jesús por los signos, es decir, por los milagros que Él hace, pero no por los milagros en sí mismos, sino porque esos milagros son demostrativos del Amor divino, desde el momento en que Dios los hace no porque tenga necesidad de nosotros, sino simplemente para manifestarnos y donarnos su Amor.

Jesús les dice que no deben buscarlo por el pan material, sino por el Pan de Vida eterna, porque eso es amarlo por Él mismo y no por lo que da, porque Él es el Pan de Vida eterna. Es lo que le pide una beata: “Señor, que yo te ame por lo que eres, y no por lo que das”, y también Santa Teresa de Ávila: “Hay que buscar al Dios de los consuelos, y no a los consuelos de Dios”.

La vida cristiana consiste en buscar a Jesús no por lo que da sino por lo que Es, y hay que buscarlo en donde Él está: en la Cruz y en la Eucaristía.

Hoy no se busca a Jesús por Él mismo: en la Iglesia, los pobres no buscan a Cristo sino la limosna o la ayuda material que pueda brindar la Iglesia; los ricos no buscan a Cristo sino las riquezas materiales que a través de la Iglesia puedan obtener. Pero tanto unos como otros deben buscar a Cristo, en la Cruz y en la Eucaristía: los pobres deben buscar en Cristo crucificado la riqueza de la Cruz, los inmensos bienes del cielo que da Cristo en la Cruz: su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad; los ricos a su vez deben buscar en Cristo crucificado la pobreza de la Cruz, el único modo por el que podrán entrar en el Reino de los cielos, porque de lo contrario, es imposible que un rico entre en el Reino de los cielos; ambos, ricos y pobres, deben buscar en la Iglesia el Pan de Vida eterna, la Eucaristía, el Pan Vivo bajado del cielo, en el cual y por el cual Cristo se dona a sí mismo sin reservas al alma que lo recibe con fe y con amor.

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