miércoles, 26 de marzo de 2014

“El que no está conmigo está contra Mí”


“El que no está conmigo está contra Mí” (Lc 11, 14-23). Jesús expulsa a un demonio mudo, que luego comienza a hablar. Los fariseos acusan falsamente a Jesús de obrar con el poder de Belzebul, al mismo tiempo que blasfeman contra el Espíritu Santo: “Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”. Los fariseos intentan desacreditar los milagros de Jesús, presentándolo como un instrumento de Satanás, y esto es lo que explica las fuertes defensas que hace Jesús, porque en las acusaciones hay verdaderas blasfemias contra el Espíritu Santo.
El hecho de que el hombre se enferme –y muera por la enfermedad- y sea poseído por el demonio, son consecuencias de la caída de Adán y Eva a causa del pecado original. No hay ningún error teológico en atribuir toda enfermedad del hombre al demonio, porque al consentir al pecado, el hombre se somete al dominio de Satán[1], que incluye la enfermedad, la muerte y la posesión demoníaca, además del riesgo de la eterna condenación en el infierno. Jesús, el Verbo de Dios, se encarna para destruir las obras del demonio -la enfermedad y la posesión demoníaca- y para restablecer el reinado de Dios en la tierra. Si los fariseos le piden a Jesús una señal para que manifieste que obra por medio del Espíritu de Dios y no por medio de Satanás, significa que están acusando a Jesús de estar poseído por un espíritu maligno, lo cual es una blasfemia contra el Espíritu Santo, porque es atribuirle malicia al Espíritu de Dios. Por eso es que Jesús les responde duramente, acusándolos a su vez, de estar ellos del lado de Satanás, porque Él ha expulsado efectivamente a un demonio, y ellos han demostrado estar en contra suya: “El que no está conmigo, está contra Mí”.
“El que no está conmigo está contra Mí”. Cuidémonos de caer en el fariseísmo como de la misma peste, porque muchos en la Iglesia, aparentando ser cristianos, demuestran sin embargo, con sus obras faltas de caridad y misericordia, que están en contra de Jesucristo y que pertenecen a Satanás.




[1] Cfr. B. Orchard et al., Comentarios al Nuevo Testamento, Tomo III, Editorial Herder, Barcelona 1953, 613.

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